viernes, 20 de enero de 2012

Entre tanto verde, una historia más

“Tómame tan fuerte como puedas, por favor no me sueltes, por favor tómame de mi saco que mis manos están empapadas y no resistiré mucho, tómame como quieras pero no me sueltes por favor”; esas fueron las primeras palabras que cruzaron, y desde entonces ella vivía agradecida por haberlas mencionado, por haberse fijado tanto en la mirada de él hasta desvanecerse en ella, y por haberla tomado como su refugio ante el miedo del momento, ante el desastre que parecía ser todo lo demás.

Hace mucho no caminaba entre tantos árboles buscando refugio  ni el camino se le hacía tan largo como para necesitar más de dos descansos, ella ya había tenido caminatas largas y tortuosas pero esta era diferente, pues la había hecho sentirse sin fuerza y le había hecho perder mucho tiempo entre los árboles; sin embargo gracias a esas breves pérdidas de tiempo se encontró con él y un día se entrometió en su calendario, “que la vida te bendiga por las escasas ocupaciones que dijiste tener, pues gracias a dicha escasez no terminé dando vueltas en el bosque sin encontrar la dirección real.” ... El  apareció haciendo que la brisa se hiciera aún más suave cuando pasa por entre las ramas de los árboles, le mostró el camino donde los rayos de sol si llegan y la acompañó hasta el estanque…“no olvidaré nunca tu cara de asombro al verme beber, y no he de disculparme pues tenía mucha sed, llevaba buen tiempo sin que gota alguna rozara mis labios”.

Caminaron por varias horas y vieron el caer de la noche juntos, caminar en lo oscuro no era seguro y eso bien lo sabían los dos, al llegar el día siguiente encontraron un camino y ella encontró su dirección, ella debía dejar el bosque atrás pues su norte, su vida se encontraba al final; él la dejo partir y quedó nuevamente con el calendario en blanco, regresó al árbol de donde la había ayudado a bajar y prometió extrañarla, así como le había prometido de la mano no soltarla.