Mi primera palabra no fue mamá ni papá, o al menos eso dicen ellos; rubia muy rubia hasta los diez, y de ahí en adelante un oscurecimiento del cabello, que a veces, según mi posición respecto a la luz solar puede dar leves tonalidades rojizas, leves pero existentes, sin embargo leves. Aprendí lo básico en un jardín escolar pequeño, sumé allí por primera vez, escribí mis primeras palabras y descubrí mi poco agrado por la elaboración de cualquier tipo de arte plástica. Pasé por un colegio de monjas y me gradué de secundaria en otro, si, terminé mis años de colegio en uno de monjas, al que agradezco la mayor parte de mi formación académica y un desmesurable conocimiento aprendido, allí también viví mi eterno amor por la poesía, mi cierto gusto por las matemáticas, y desarrollé a profundidad mi poco agrado por el dibujo técnico. Hasta los 16 viví en un lugar delicioso de mínimo 16°C aproximadamente, y desde entonces hasta ahora he vivido en un lugar que a pesar de no superar los 20°C me ha permitido un gran aprendizaje personal, social y cultural, dándome además la oportunidad de vivir cada uno de mis días en torno a lo que he podido llamar el gran amor de mi vida, la medicina.
Desde que tengo memoria, y aclaro, mi memoria no está ni siquiera cerca de ser buena, he tenido dilemas con el tiempo por su rapidez o lentitud, por su cálculo inoportuno, por su tanta y escasa precisión, por lo necesario que es en nuestro mundo y lo innecesario que a veces desearíamos considerarlo; Amo mi país incalculablemente, he venido aprendiendo que cada instante merece ser valorado, que valorar las cosas no es apropiarlas de superlativos y que es tan bueno cuando se hacen comparaciones como cuando no hallamos con que hacerlas. Creo que los lugares tienen memoria y que no hay peor o mejor beneficio que el de la duda, hace mucho dejé de tener favoritismos y apegos, y desde hace algún tiempo, se me han tornado soportables, cosas que me parecían nada más allá de indeseables. Me gustan las palabras en secuencias coherentes y aquellas incoherencias que logran dejarte callado cierto momento, cierto día, me gustan escritas y habladas, me gustan las que se hacen ausentes cuando nuestro cuerpo logra hacerlas innecesarias y ya para terminar disfruto más de los días soleados que de los grises.
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