martes, 20 de septiembre de 2011

6:05am Good Morning



Hoy que desperté por casualidad porque el control de la TV se atravesó entre mi dormir profundo, y que  salí de casa sin desayunar, y vestida  con mi uniforme gris que no exige mucho, hoy fue un día con cambios bruscos de velocidad, de esos que me encantan, cada jornada del día, hasta este momento ha sido de unas variaciones de velocidad impresionante, he tenido ratos de distracción, ratos de aceleración, ratos de aceleración con distracción, ratos de dispersión y también de una concentración que realmente me confunde, porque difícilmente logro centrarme tan ciegamente en algo como lo hice hoy; el que comenzó como un día tan aparentemente lleno de cosas, a veces parecía vacío, pero sólo parecía porque ese vacío en realidad corresponde a los pequeños pero varios ratos en los que me sentí realmente dueña de mi día,  en un día de esos complejos como hoy, pude sentir el verdadero valor de las cosas sencillas que uno hace con su tiempo, esas acciones que para uno son lo suficientemente importantes como para que todo lo demás de pronto parezca chiquito y lograble, cuando uno antes ya ha tenido ese instante pequeño que no sabía que necesitaba, pero que logra hacer valer la pena el resto del día, hoy tuve algunos de esos valiosos instantes.

Debo admitir que hoy también estuve más despeinada que de costumbre la mayor parte del día, mis cabellos parecían seguir ese ritmo del día en el que me encontraba, se dejaron llevar por esos cambios bruscos de velocidad y a veces estaba calmado, controlado, dentro de sus límites y en cambio a ratos sencillamente se tornaba incontrolable, inmanejable, ni libre, ni sujeto, ni medio sujeto, respondía brevemente a mi diadema pero reaccionaba al poco tiempo, y aun así, me encantó tenerlo así, y me gustó aún más haberlo tenido así sin que realmente me importara y disfrutando exclusivamente como el viento se colaba entre el desorden y como la lluvia lo tocaba ocasionalmente.

Los días como hoy no es que sean escasos en mi vida, sino que cuando son días como hoy, son todos diferentes, así sean de lo mismo, como las variedades de pasta que con una misma base, puede tener sabores que la hacen muy diferente.

Prisa, despiste, sorpresa, un yogurt de  fresas sin fresas, concentración, mucha risa, espacio para mí, despiste, prisa, estornudos ocasionales, concentración, almuerzo<20minutos, concentración, emoción, dicha, aceleración, miedo, despiste, pausa, despertar, concentración, espacio para mí, despiste, sorpresa, emoción, confusión, duda, dicha… inspiración, escribir, publicar. Algo así, fue desde que desperté.

lunes, 19 de septiembre de 2011

DESPUÉS DE LA TORMENTA...

Ya ha pasado bastante tiempo desde la última vez que me senté a escribir para el blog, cosa que no me agrada para nada, pero bueno; estos últimos días el clima ha sido bastante benévolo conmigo, tanto, que llueve exclusivamente cuando estoy en algún lugar cerrado libre de mojarme, o llueve lo necesariamente suavecito para que mi sombrillita azul de rayas blancas logre cubrirme. En estos días de lluvia chévere (como por darle algún calificativo), si bien no me he dejado empapar de la lluvia, si lo han hecho varios pensamientos vagos, me he tomado el tiempo de disfrutar toda esa lluvia que golpea mi ventana mientras estaba bajo mis cobijas, y logré una conclusión apresuradísima, pero con un fondo de pensamientos hasta exagerado podría decirse.

Pensé que muchas veces sin importar lo que hagamos para resguardarnos de la lluvia, mientras estemos en la calle es bien difícil tener la sombrilla perfecta y lo suficientemente grande como para  protegerse absolutamente todo, es bien difícil no terminar salpicado por agua cuando es lo que te rodea y aunque tuvieras la sombrilla perfecta, faltarían unos zapatos increíblemente buenos para que tus pies  o la bota del pantalón se salve. Algo así, algo muy similar pasa con lo que nos rodea, creo que no podemos pretender ser total y absolutamente impermeables a lo que sucede en nuestro alrededor, a las situaciones que han de inundarnos a diario, o a las cosas que sin querer nos salpican… como evitarlas, ojalá supiera, además en este caso sombrilla y zapatos perfectos podrían resultar insuficientes, y también sé que mi sombrillita azul de rayas blancas solo resulta bastante útil cuando la lluvia es calmada y sin ventarrón, que es lo suficientemente capaz para resguardarme por mucho tiempo, sin embargo soy consciente de que en momentos de tormenta y brisa arrasadora, mi sombrillita no será suficiente, y eso es algo MUY preocupante.

Por otro lado, intentar permanecer lo más resguardada posible como para resultar lo menos alcanzada por el agua que se pueda, se convierte en algo desagradable porque la lluvia normalmente no avisa, y así a veces las nubes tengan letreros oscuros diciendo que presumiblemente lloverá, nunca es una predicción absolutamente cierta y por el contrario muchas veces resulta engañosa, de modo que no podría imaginarme corriendo a casa cada vez que el cielo se torne más oscuro, porque podría perderme varios ratos de un sol radiante que esté momentáneamente cubierto por esas nubes odiosas.

Finalmente creo que lo que sí puedo seguir haciendo es salir deseando que no llueva mientras este fuera, y sin embargo llevar mi sombrillita por si mis plegarias no son atendidas, porque tener precaución no es pretender un encapsulamiento permanente que me independice del mundo, sino evitar salir salpicada más de la cuenta, intentar disfrutar la lluvia y las gotas que me tocan sólo porque en verdad sea yo quien decida hacerlo en esos momentos de espontaneidad incontrolada, y muy, pero muy importante espero poder recordar en días oscuros como soleados que  después de la tormenta, la calma no es eterna.

Pd: Al decir sombrillita, el diminutivo es porque mi sombrilla es realmente pequeña, pero muy práctica.