Ya ha pasado bastante tiempo desde la última vez que me senté a escribir para el blog, cosa que no me agrada para nada, pero bueno; estos últimos días el clima ha sido bastante benévolo conmigo, tanto, que llueve exclusivamente cuando estoy en algún lugar cerrado libre de mojarme, o llueve lo necesariamente suavecito para que mi sombrillita azul de rayas blancas logre cubrirme. En estos días de lluvia chévere (como por darle algún calificativo), si bien no me he dejado empapar de la lluvia, si lo han hecho varios pensamientos vagos, me he tomado el tiempo de disfrutar toda esa lluvia que golpea mi ventana mientras estaba bajo mis cobijas, y logré una conclusión apresuradísima, pero con un fondo de pensamientos hasta exagerado podría decirse. Pensé que muchas veces sin importar lo que hagamos para resguardarnos de la lluvia, mientras estemos en la calle es bien difícil tener la sombrilla perfecta y lo suficientemente grande como para protegerse absolutamente todo, es bien difícil no terminar salpicado por agua cuando es lo que te rodea y aunque tuvieras la sombrilla perfecta, faltarían unos zapatos increíblemente buenos para que tus pies o la bota del pantalón se salve. Algo así, algo muy similar pasa con lo que nos rodea, creo que no podemos pretender ser total y absolutamente impermeables a lo que sucede en nuestro alrededor, a las situaciones que han de inundarnos a diario, o a las cosas que sin querer nos salpican… como evitarlas, ojalá supiera, además en este caso sombrilla y zapatos perfectos podrían resultar insuficientes, y también sé que mi sombrillita azul de rayas blancas solo resulta bastante útil cuando la lluvia es calmada y sin ventarrón, que es lo suficientemente capaz para resguardarme por mucho tiempo, sin embargo soy consciente de que en momentos de tormenta y brisa arrasadora, mi sombrillita no será suficiente, y eso es algo MUY preocupante.
Por otro lado, intentar permanecer lo más resguardada posible como para resultar lo menos alcanzada por el agua que se pueda, se convierte en algo desagradable porque la lluvia normalmente no avisa, y así a veces las nubes tengan letreros oscuros diciendo que presumiblemente lloverá, nunca es una predicción absolutamente cierta y por el contrario muchas veces resulta engañosa, de modo que no podría imaginarme corriendo a casa cada vez que el cielo se torne más oscuro, porque podría perderme varios ratos de un sol radiante que esté momentáneamente cubierto por esas nubes odiosas.
Finalmente creo que lo que sí puedo seguir haciendo es salir deseando que no llueva mientras este fuera, y sin embargo llevar mi sombrillita por si mis plegarias no son atendidas, porque tener precaución no es pretender un encapsulamiento permanente que me independice del mundo, sino evitar salir salpicada más de la cuenta, intentar disfrutar la lluvia y las gotas que me tocan sólo porque en verdad sea yo quien decida hacerlo en esos momentos de espontaneidad incontrolada, y muy, pero muy importante espero poder recordar en días oscuros como soleados que después de la tormenta, la calma no es eterna.
Pd: Al decir sombrillita, el diminutivo es porque mi sombrilla es realmente pequeña, pero muy práctica.

No hay comentarios:
Publicar un comentario