Porque va más allá de la melancolía caminar en medio de
tanto papel, la casa está inundada en tinta y es un completo desastre del que
terminé siendo parte. Al entrar casi resbalo con más del papel que habías
puesto para cubrir el piso, y déjame decirte niño que ese fondo está más que
cubierto, conozco tan bien lo elevado que puedes llegar a ser cuando entras en
tus ganas de arte que tomé mis precauciones, y por si no lo notaste absolutamente
todo el fondo ya estaba cubierto porque ya bastantes gotas han tocado fondo
como para permitir que dejen aún más huella de la que han dejado.
No tengo idea porque hay tantas notas sobre el piso, espero
sea una más de tus ideas de reciclaje y que de todo eso ya haya un “nos vemos
al rato” producido. Me tomé la libertad de llevarme unos cuantos tarros de
pintura y de tapar el resto, sin embargo sigo con mis dudas, ¿los dejaste
abiertos porque esperas volver pronto a continuar? ¿O porque realmente no te importa
si tanta posibilidad de color se empasta? También vi que a pesar de tanto
desastre al parecer no te alcanzó para dejar un poco al fondo de la casa lo
cual me alegra muchísimo, por ahora deberías dejar ese espacio así, intenta por
favor no tocarlo, parte de la magia de la casa está en las partes blancas que
conserva.
Debo confesarte que me enamoré casi como la primera vez al entrar y
ver sábanas sobre muchas cosas, al menos te tomaste las precauciones necesarias
cubriendo los cojines, las lámparas y algunas de las mesas, porque en realidad
pensé que eras de los que prefería recoger todo para sentirte libre en el
espacio y luego volver a distribuir todo como si nunca nada hubiese estado
allí, pero ver que conservaste gran parte de las cosas donde estaban me deja
para pensar que le tienes gran confianza a la gente del trasteo, que confías en
que yo hubiera movido lo necesario, o que definitivamente no te piensas poner
en el plan de mover todo cuando sabes que todo lugar ha sido creado por otros
pero el verdadero espacio depende de mucho más de lo que se ubica en el.
Una vez más y en medio de todo lo que tengo por hacer, logré
escaparme un ratico a la casa, llevaba más de un mes sin pasarme por allá y
menos de una hora fue suficiente para ir y empaparme de blanco y algunos otros
colores menos. Definitivamente hoy comprobé una vez más que no soy dueña de mis
24 horas, que puedo hacer que el reloj de los 360 cuando yo quiera, pero que
eso no detendrá el resto y que va más allá del agradecimiento mis visitas a la
casa, que no me debes nada, pero que si agradecerás mucho, que al menos uno de
los dos piense a veces en no dejar al azar de las ganas la entereza de la casa.
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