Si en verdad existen, son imposibles de juzgar, porque
es imposible definir qué puede hacer feliz al otro. En eso deberían basarse, en la capacidad que tiene lo que haces para hacerte feliz, para
aportarte una felicidad verdadera, no ese conjunto de emociones que pueden dar
momentos de alegría instantánea, sino aquellas cosas que pueden hacer perdurar
algo más allá de la sensación de bienestar.
La felicidad lleva tiempo y por
ello las prioridades no deberían establecerse por momentos, deberían
establecerse para períodos prolongados, para al menos más de dos solsticios de
verano. El resto de cosas que creemos “priorizar” en medio de listas de lo más
importante a lo menos importante que deberíamos hacer, solo son una división de
las categorías grandes que esperamos lograr; sin embargo no se puede esperar
cumplir con nuestras prioridades, si no las tenemos en cuenta más allá de dos
veces al año, o cada vez que recordamos que eso es importante.
Es triste si has esperado todo el
año por la temporada de mangostinos y terminas conformándote con una manzana…
Pd: Espero poder continuarlo en unas horas.
