martes, 15 de noviembre de 2011

GULA



Lo admito, he pecado por  inocencia, ¿será? porque en algún punto llegué a creerme que la ingenuidad y yo éramos de mundos completamente diferentes y hasta ahora vengo a darme cuenta de que parecemos de la misma cuna. Por creer, por aceptar, por reinventarme, por no seguir con mi protocolo que era el que me tenía a salvo, a salvo de tanto engaño, a salvo de las ilusiones ópticas que lo único que hacen es confundir  (en lugar de servir de ayuda despistando a otros), sigo sumergiéndome más en el laberinto que construimos y del cual olvidamos planos.

Afortunadamente antes de entrar tuve la precaución de alertar a alguien sobre mi entrada, a ese alguien que siempre ha de decir “te lo dije” cuando ya debería apropiarse de un “sabes que te lo voy a decir”, un alguien que no debería definirse propiamente como persona, sino más bien como un prototipo de cámara, que si es capaz de grabar todo un panorama mientras uno se encuentra atrapado por lo que puede producir un solo punto de la imagen.
Desgraciadamente el día que entré llevaba puesto uno de mis vestidos favoritos, y ahora no podré volver a usarlo sin tener que recordar, porque para eso si sirve mi memoria, esa misma que muchas veces y para cosas mucho más importantes falla, pero para este tipo de cosas con un vestidito tiene; de todas formas si recordar es un sumando más en esto, puedo con ello, porque no hago parte del no tan selecto grupo de personas que se deshacen de las cosas que generan recuerdos, ellas no tienen la culpa de las escenas en las que se han involucrado, así que mi vestido por ahora estará a salvo, tendrá mucho menos uso pero seguirá en el closet.

Para terminar admito que precisamente fortuna y desgracia pertenecen al mismo juego, vienen en el mismo empaque, con todos los adornitos necesarios como presentación de la súper caja de galleticas navideñas, multicolor, multisabor y sólo por experiencias previas, antojos nuevos, indiferencia, o  despiste, cada quien es el que decide que galletica tomar en cada ronda. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario