sábado, 5 de noviembre de 2011

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02/11.
Me ha quitado el aire como cuando hay competencia en la piscina del que resista más bajo el agua, aceptando la responsabilidad de permanecer sumergido, enfrentando la desesperación en medio de la necesidad por salir y las ansias por ganar; ha hecho latir mi corazón a ritmos indescriptibles, con frecuencias muy por lo alto y demasiado por lo bajo, ha acentuado mis episodios de vértigo en intensidad y frecuencia, y me ha dejado un sinsabor en la boca que ni siquiera el mejor jugo de mandarina de mi ciudad ha logrado desaparecer. Sin embargo me siento tranquila, en medio de un oleaje brusco, pero tranquila, pesada como podría ser la lluvia si fuese de plomo pero tranquila, y dado que el significado que le doy a la palabra tranquilidad y a la palabra felicidad está cada uno tan independientemente definido, estoy muy triste, pero tranquila.
Lo acepto, me toca copiar de los pacientes para poder describir lo que pasa, creo que ahora comprendo un poquito más porqué cuando pregunto a un paciente acerca de su motivo de consulta, en un numero grande de veces aparece la palabra dolor, y en el intento de descripción del mismo por parte del paciente, para la mayoría de ellos resultaba difícil hacerlo a la primera pregunta, mientras que la mayoría de las veces, la tarea difícil de la descripción del dolor se hacía algo menos difícil si se comparaba con algo. 

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