Sos brisa fresca, aroma de torta recién horneada que despierta, como el “crunch” que quebranta la monotonía, y el brillo que engalana la noche; compartes una sobriedad exquisita que entremezclas con una mirada cálida y amena. Me encantó tomar el té contigo, degustar tus gustos y antojarme de tus antojos, pasar tardes de ocio entrelazadas con el deber, pero sobre todo me encantó esa ternura imperceptible, ese topping de picardía que reflejas y esas ansías por saber, por descubrir, por conocer.
Soy vibraciones enteras cuando te siento cerca, luna de verano y sol de otoño, soy una invasión de escasez de certezas y un diluvio de llaneza; te he compartido varios de mis desvelos triviales. Disfruto bastante de tu arte, de cada movimiento que haces, del torbellino en tu pelo, creo que seguiré odiando muchas de tus expresiones y soportando tu sutil tortura.
He descubierto que con mis realidades me encuentro totalmente apta para figurarme puntos suspensivos cuando y donde deben ir, cogí el lápiz y recordé que probablemente sí somos puntos de una misma línea, lo que sucede es que hay incontables puntos entre nosotros; vivo maravillada con los visos de nuestros días juntos y con el trémulo puente cuyo origen desconozco y es que te desconozco tanto… Te invito a otro paseo para que bailemos todo ese “romanticismo” particular que solo se puede contigo, tal vez si seguimos yendo algún día por fin nos encontremos, y podamos tomar verdaderamente el té juntos y ver el caer de la noche desde un mismo punto.

A veces nuestras propias palabras reclaman lo que sencillamente queremos vivir.
ResponderEliminarNo hay mayor motivación al deseo que el deseo en si mismo.
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