martes, 14 de febrero de 2012

DISFRUTANDO EL PARAÌSO

No hay forma en que escaparse de tanto vicio, de tanta cotidianidad, de tanto de lo mismo haya sido mejor, realmente resulta mágico cuando logras dejar atrás el ruido del deber, la congestión de tus días, las alarmas, los horarios y el calendario; cuando tanto papeleo absurdo se hace innecesario y cuando no anhelas mejor paisaje que el que tienes en frente. 

Esa sensación de libertad, de plenitud, de saciedad, de éxtasis incontrolable, de alegría desbordante, de locura tangible y abundante, ese percibir de dicha constante que se renueva con cada respiración, con cada pestañeo, con cada pasar de saliva… toda esa emoción realmente existe, es hallable, vivible y disfrutable.

Llegar a un lugar guiada totalmente por lo desconocido, por esas ansías de saber, por esa curiosidad que no me abandona, por el espíritu de niña exploradora que me persigue donde voy, en contra de todo pronóstico, de casi todo pensamiento racional, secundada por mis instintos, por quien siempre ha de apoyarme en mis cosas y por el pleno deseo de dejar las dudas a un lado y encaminarme hacia un momento de felicidad tangible, palpable, perceptible.  

Poder dejar atrás aquello que te saturaba, que te empalagaba y hastiaba, poder abandonar los límites y emprenderse en un camino en contra de los miedos y aprensiones, en contra de los imposibles de siempre y en busca de los posibles del presente; dejarse llevar por lo inimaginable, lo impensable, lo indecible y lo impredecible, sumergirse en la felicidad inesperada, en el gozo más anhelado y en el plus que trae consigo cada nuevo momento.

Realmente tanta dicha existe y yo la percibí en cada suspiro, en cada nota, en cada vibración de mi cuerpo; no obtuve lo que esperaba, recibí eso y un millón de bonnus extra más… 

viernes, 3 de febrero de 2012

1,2,3 por ti

He visto pasar 3 aviones desde que empecé a escribir, iban saliendo de lo verde, pasando por lo gris y desapareciendo en el azul; mientras escribía también vi como un intento de lluvia golpeaba mi ventana para terminar desapareciendo tan súbitamente como apareció y en cambio ahora el cielo está de parches blancos y azules.
He visto como titubeas con las decisiones y como cambias de humor según el clima, sé que tienes días difíciles y que en ellos eres especialmente sensible, también que te gustan los argumentos y el olor de la mañana, que siempre he hablado más que tu, que no eres de los que habitualmente se despide y que de caballero tienes lo que debes pero que aún te falta mucho.


Creo conocer de ti unas cuantas cositas más, y aunque creía que bastantes, ahora puedo notar que desconocía muchísimo, lo cual admito que me gustaba porque cada vez lejana podía descubrirte más, sin embargo ahora deja un sin sabor el notar que desconozco aún aquello que ya creía conocido, resultaste como los helados que antes de famosos eran grandes y únicos y ahora solo son mezcla de eso rebajada con agua.

No suelo  pedir muchos favores, pero de ti me gustaría recibir uno, dedícate a ser feliz, pero no a tener una felicidad ficticia vivida dentro de un castillito de naipes; dedícate a ser feliz y permíteme seguirlo siendo.

¿Sabes que el lado derecho de mi almohada te extraña y que mi perro ha notado tu ausencia? Si acaso llegaste a pensar que hablaba metafóricamente o has de suponerlo, realmente me conocías tan poco como aún lo recuerdo, pues no duermo con almohada y tampoco tengo perro.