Tienes una caja, llena de 860
partecitas (rezando porque estén las 860 partecitas), todas juntas y revueltas
unas con otras, y si las tomas por separado entras en el azar de adivinar a que
pueda corresponder, si al azul del cielo, o al de las olas, o quizá al de algún
velero que no quiso ser diferente; y lo tienes todo, la caja con las 860
partecitas, algún lugar que creas plano para ubicarlas y la imagen de todo lo
que aún no has construido con lo que tienes, es cierto, realmente no tienes mucho,
solo has conseguido lo que otros han querido para ti, pero hasta no construirlo
por ti mismo no sentirás la satisfacción de la misma imagen completa.
No abras la caja todavía, no
derrames todas las fichas por ahí, primero disfruta la imagen, sumérgete en
ella y siéntela, intenta darle sentido a cada detallito que tiene, pues en un
90% de las veces, el azul del cielo no es igual al del mar ni al del velero no
diferente, y una vez lo hayas hecho, ahora sí, derrámalas, intenta no hacerlo
tan fuerte para que todas te queden cerca, pero sin invadir un espacio que debe
estar en blanco, el espacio en el que sabes que vas a armar. Mi hermanita decía
que era muy bueno empezar encontrando las esquinas y luego todas las que pudieran
pertenecer a los bordes, y en verdad nos funcionaba bien, luego se puede ir dejándolas
todas por el lado con imagen y de allí en adelante dejándose llevar por agrupar
las que se fueran atravesando en el tiempo, y que parecieran tener sentido.
En mi vida yo aun no sé si tengo
mis 860 partecitas completas, el caso es que ya encontré los bordes y encajan aparentemente
perfecto, y digo aparentemente porqué muchas veces solo lo sé cuando una ficha
no tiene como engranarse coherentemente con algunas más, y aunque muchas veces
son las cosas más incoherentes las que terminan teniendo sentido, debes tener
la capacidad de poder irte adaptando a ello y jugar con el juego, evitando que
algo que tu decidiste armar decida ahora por ti. Si en algún momento llegas al
punto tal de desespero en el que nada encaja, nada parece funcionar, tómate tu
tiempo, al fin y al cabo dudo que el puzzle lo estés armando dentro de algún
concurso, y aunque algunas veces pasa, generalmente este es un juego en el que
no hay contrincante, hay fichas, y generalmente las fichas no se mueven solas,
son movidas por alguien o algo más, entonces, si tienes la precaución de evitar
las corrientes de aire, y eres consciente de las capacidades e incapacidades de
tu mascota, y de las capacidades e incapacidades de alguien más, sabes cuándo
dejar hacerlos parte del juego.
Como dato adicional, para mí el
plan de armar todo resulta mucho más divertido con buenos sonidos de fondo, con
grandes historias siendo contadas, recordadas, o al ritmo de la buena música
que me han compartido, realmente no soy muy buena construyendo a partir del
silencio, defecto para muchas cosas y gran cualidad en otras.
Ahora suéltame la mano cariño,
porque tú y yo somos tan terribles destrozando todo en besos, que esta ternura
de tenerte de la mano no va conmigo mientras intento armar, alguien me enseñó a
disfrutar bien de las libertades y de ser simplemente uno mismo, a ubicar mejor
las fichas e ir armando lo que se nos va presentando, en lugar de intentar
ubicar una en cientos de fichas para completar un recuadro que esperamos tenga
sentido, a sonreír en los momentos en los que nada tenga sentido dejando todo a
la libertad del azar, pues hay que ser conscientes de que no todo podemos
decidirlo, predecirlo… “A todos nos atrae la calidez de una conexión verdadera,
pero evita las llamas, en medio de un incendio es difícil evitar que alguien
salga herido”, e incluso de todo el juego puede no quedar más que escombros.
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